¿Vale la pena hacer un ALL HANDS?

La respuesta corta es: sí… y no.

Un ALL HANDS puede ser una de las herramientas más potentes para alinear cultura, liderazgo y equipo y fortalecer el ADN de la organización. Pero solo cuando se usa con intención estratégica.

¿Cuándo NO vale la pena?

Cuando es un evento aislado.
Como dice el refrán, “una golondrina no hace verano”. Un evento suelto no transforma cultura. La cultura necesita coherencia, repetición y propósito.

Cuando quieres que lo resuelva todo.
Un ALL HANDS no sirve para todo. No es para resolver conflictos complejos, ni para sustituir conversaciones que requieren cercanía. Si intentas que haga demasiadas cosas, pierde sentido e impacto.

Cuando responde solo a la sensación de “tenemos que juntarnos”.
Reunir a toda la compañía sin un propósito profundo puede entretener… pero también puede generar cinismo y reforzar la idea de que la cultura es cosmética.

¿Cuándo vale la pena?

Cuando forma parte de una estrategia cultural más amplia.
El ALL HANDS es una palanca más dentro de un sistema de liderazgo, comunicación y desarrollo. Ahí sí impulsa alineación, claridad y pertenencia.

Cuando está muy bien pensado.
No es un show. Requiere comprensión del momento de la organización, lectura emocional del sistema y un contenido relevante. Un buen ALL HANDS crea hitos, lenguaje compartido y memoria cultural.

Cuando conecta personas, propósito y negocio.
Porque entonces fortalece la confianza, la colaboración y el compromiso sostenible.

Un ALL HANDS estratégicamente diseñado os ayudará a crear la cultura organizacional deseada, mejorará la employee experience y también la percepción de los profesionales hacia el liderazgo.

Eva AldeaComentario